Me sorprendí en las primeras actividades de Cuidadanas a las que acudí, la forma en que me abrí. Y siempre daré las gracias, porque me han cambiado el chip.
Desde Galicia, Begoña Correa nos comparte su experiencia como cuidadora no profesional y su cambio tras el paso por el programa Cuidadanas.
Cuéntanos por qué llegaste a Cuidadanas.
Yo soy auxiliar de enfermería, y la mayor parte de mi tiempo laboral estoy trabajando en un centro de dependencia de la Xunta de Galicia. El problema es que mi madre es dependiente y es totalmente diferente el trabajo a tenerlo en casa, porque no sabes reconducir la situación. Muchas veces no sabes qué hacer a nivel psicológico.
A través de una amiga mía conocí Fundación Mujeres y el trabajo que hacían con las cuidadoras.
¿Qué te animó a venir?
La soledad, poder compartir la carga que estaba llevando yo sola.
¿Qué has cambiado en tu vida para situarte también en el centro de tu cuidado?
Empecé pilates, ahora me he apuntado a la piscina municipal, y ahora quiero hacer todo. Quieras que no, te van comiendo la positividad que tú tienes y te van mermando. Pero tengo pensado hacer todo lo que pueda en verano, y en invierno seguir con lo mismo. Tengo que cuidarme yo que, en teoría, me queda mucho tiempo por delante. También con la comida, atenderme más a mí.
¿Cuáles consideras tus logros más destacados?
Fundación Mujeres me enseñó mucho. Sobre todo, me enseñó a no sentirme culpable, a mirar las cosas de distinta forma. A no hundirme yo, porque si yo caigo, aunque somos tres hermanos… Con mi hermana no puedo contar porque vive a kilómetros, y a mi hermano mi madre no le deja hacer absolutamente nada. Yo soy la chacha, yo soy de todo para mi madre.
Ahora no me siento culpable, porque yo estoy dando todo y más. No discuto tanto con mi madre. A veces, si salgo mucho me dice: “Estás saliendo mucho, ¿no? No lo digo por nada, pero últimamente no paras”. Yo ya no discuto, entiendo que tengo derecho a mi espacio.
Hablemos de dificultades… ¿Qué obstáculos te has encontrado en este camino?
Soledad. No me queda nadie en casa. Para ayudarme, o para liberarme unas horas. Solamente soy yo y yo todo el tiempo. Yo también tengo mis patologías que van empeorando. Es muy complicado. Y aunque yo me dedique a esto, no es lo mismo estar trabajando que tenerlo en casa. No es solamente el nivel físico, sino también el nivel psicológico. No sabes cómo lidiar con una persona que es tan negativa, con un carácter tan complicado y difícil.
Además, mi madre no quiere a nadie externo. A ella no le importa la carga que yo tengo, a nivel físico y a nivel psicológico. Cuando me pongo mala sí se preocupa, y al fin y al cabo soy su hija y me quiere. Pero es muy egoísta, conmigo más que con el resto. A veces hasta me hace dudar, si me pasase algo, ¿tiene miedo por perder a una hija o por perder a una cuidadora?
Durante un tiempo contraté un centro de día unas horas dos veces al mes. En grupos reducidos les estimulan a nivel cognitivo, a nivel físico, etc. Solo fue dos meses, nada más. Me llamaron del centro, porque estaba pagando, y ya tuve que hablar con ella y le pregunté ¿quieres volver? Y me dijo que no volvía más. Pasa lo mismo si le propongo dejarle tomando un café con sus amigas. Yo las llevo y voy a recogerlas, pero tampoco quiere. No tiene la sociabilización que tiene que tener.
Y ahora, ¿Qué retos te has planteado?
Como te decía, apuntarme a todo lo que pueda. Hacer todo. Tener vida más allá y cuidarme, porque si no me cuido yo, ¿Quién me va a cuidar? ¿Quién se va a hacer cargo? Me voy a anteponer, ante todo, aunque suene egoísta.
También sociabilizar, abrirme un poco más que me cuesta mucho abrirme. Yo me sorprendí en las primeras actividades de Cuidadanas a las que acudí, la forma en que me abrí. Y siempre daré las gracias, porque me han cambiado el chip.
¿Qué le dirías a una mujer cuidadora, en una situación parecida a la que tú tenías?
Lo primero que se quieran un poco más a sí mismas. Que se pongan en primer lugar, porque si la cuidadora falla nadie les va a cuidar y a tratar como tú lo estás haciendo. Si tú no estás bien no puedes cuidar. Primero tiene que ser la cuidadora, y después tiene que ser la persona a la que cuida.
Lo segundo, aprender a decir que no y dejar de un lado la culpabilidad. Es difícil pero se puede. Además, llevar tú el control, que no lo lleve la persona cuidada. No podemos estar todo el rato encima de ellos.